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El Día De Los Trífidos

‘En cierto sentido, se puede incluso haber dicho que nuestro fracaso reside en crear hábitos.’ Studies in the History of the Renaissance – Walter Pater (1839-1894)

Novela de John Wyndham (John Wyndham Parker Lucas Beynon Harris), nacido un 10 de Julio de 1903 en las West Midlands inglesas. Intentó varios oficios, antes de ser escritor, incluyendo el ser granjero, abogado, comercial de arte y de publicidad. En 1925 es cuando empezó a escribir relatos de cara a sacar algún beneficio económico, y entre 1930 y 1939 consiguió publicarlos en revistas yankees, bajo diferentes nombres. Todavía duraba la época dorada en la que los ‘pulp-magazines’ publicaban todo lo que sonaba a fantasía, con lo que los escritores más marginales estaban encantados. Durante la guerra trabajó como funcionario, y luego sirvió en la Armada. En 1946 volvió a la carga con sus relatos, intentando dar una nueva forma al género de la ciencia ficción. Otra de sus novelas más famosas es ‘The Midwich Cuckoos’ (1957), un nombre muy lovecraftianamente apropiado, que se convirtió luego en la película ‘The Village of the Damned’. Siguiendo con Lovecraft y su ‘The Dunwich Horror’, hay en la costa Este de Inglaterra un pueblecito llamado Dunwich, en el que hubo auténticos horrores hace unos dos siglos relacionados con una tremenda tormenta que prácticamente borró del mapa la localidad.
Estos intentos de Wyndham de redefinir el género que comento, están especialmente logrados en su colección de antiguos relatos ‘The Seeds of Time’ (‘Las semillas del tiempo’) (1956). 10 relatos donde el viaje en el tiempo, la confusión de personalidades, un sentimentalismo que se hace agradable, ciertas sugestiones acerca de futuras sociedades inmorales y un sentido del humor perfectamente aplicado consiguen que el lector no pare hasta haber leído todos y cada uno. En ‘Survival’ se pueden apreciar momentos de horror cósmico muy notables más tarde afianzados por otros clásicos que sugieren soledad espacial, como el de Arthur C. Clarke y su ‘2001, Odisea en el Espacio’. ‘Chronoclasm’ es un ejemplo de viaje en el tiempo relajado, donde el despiste y la idea de un romance en el pasado hacen de él un relato casi perfecto. Pero también hay robots, y perfectas máquinas que al final consiguen hacer la vida imposible al hombre. ‘Pillar to Post’, un homenaje a De Quincey y a Coleridge, donde un tipo sin piernas no hace más que consumir ‘dope’ o hachís para aguantar sus dolores, realizando uno de los viajes más eficaces de los que nunca he leído, es otro relato muy sugerente. Incluiré una frase de este relato: ‘I’ve had dope enough, long enough to play hell with my nervous system, yet the funny thing was how real it seemed right away’. El muy inglés inglés de Wyndham se hace muy fácil de leer para el lector ‘no nativo’, y no hace uso excesivo de jergas, aunque las usa un poco más en...
‘El Día de los Trífidos’; claramente un clásico de la literatura inglesa del siglo XX, más allá de géneros. Fue ampliamente leído, o al menos comentado, en escuelas y universidades; desde hace cuánto tiempo ha dejado de ser ‘objeto de culto’, no lo se; todo británico que se precie, con cierta edad, debería sentirse orgulloso de haberse dejado llevar por las aventuras de William Masen y compañía. Londres es el centro de la escena durante buena parte de la novela. Y no deja de ser esta historia un auténtico souvenir de esta ciudad, pues conociéndola un poco, podemos pasear por Picadilly, Clerkenwell, Hampstead u Oxford St. entre grupos de ciegos que recorren sus calles sin otra razón que conseguir comida, o un buen trago de licor.
El secreto de esta novela creo que es éste precisamente: el lector también realiza el viaje, imaginándose qué es lo que haría en todo momento en esta situación tan especial. Y cuál es ésta? Salvo una muy pequeña minoría, toda la población se ha quedado ciega. Por otro lado, una nueva especie de vegetación, los trífidos, desarrollada por ciertas ávaras empresas dedicadas a los aceites vegetales, se ha vuelto de lo más peligrosa. Poco se descubre de la novela describiendo estos hechos, así que ahora todo está en manos del lector. Como es natural, uno parte de que la situación es irreal, y se lo toma al principio más como una bendición que como un problema, aunque quizás se vislumbren algunos inconvenientillos de nada. Se puede empezar a pensar en qué haría uno en una ciudad totalmente descontrolada, pero todavía en funcionamiento para los que la pueden usar. Pongamos el ejemplo de Donosti. Hacer una ronda por ciertos, hasta ahora, prohibitivos restaurantes, y comprobar de una vez por todas los inmensos engaños que existen en esa sub-cultura de la restauración. Coger unas botellas en cualquier bar y disfrutarlas en mitad de la bahía, en algun yatecito de verano. Okupar Villa Pepito en Ondarreta, y permitirse el lujo de pintar la casa por una vez de un color decente. Pero esto podría ser una perdida de tiempo (el pintarla). ¿Por qué no robar el primer coche que veamos y conducir al límite por la calle Urbieta, darnos una vuelta por el barrio (y de paso, acabar con esa arpía de vecina que ya no nos molestará mas)? ¿Y qué hay acerca de tomar Urgull como nuestro nuevo feudo, instalar una gigante bandera pirata, y eliminar la estatuilla de la cima? Romper, destruir, destrozar, porque sería de locos construir algo nuevo. Es una especie de necrofilia lo que se siente en la novela por la ciudad de Londres. En cosa de semanas, el olor a muerte lo invade todo, pero, ¿quién sería capaz de abandonarla, sin disfrutarla un poco antes?
Flotan también en esta parte de la novela, bastante naif, por cierto, los impulsos sexuales. Y es que claro, vamos paseando por la Concha, y de repente, vemos un pequeño grupito de chicas (o de chicos, según cada uno/a) que andan como zombies, desconsoladamente perdidas. Por supuesto que nos ofrecemos a ayudarlas, pero a partir de aquí, la imaginación de Wyndham se queda bastante corta, aunque la del lector, estoy convencido, puede aumentar bastante. Si a alguien le interesan estos caminos secundarios (o primarios), puede intentar leer ‘La Danza de la Muerte’ o su version aumentada, ‘Apocalipsis’, de Stephen King, a quien considero más que un buen escritor, y ¡qué capacidad tiene el hombre de hacer pensar al lector que sus argumentos son originales! (sobre todo para esas tribus que sólo leen al Rey).
Más tarde, después de que uno se da cuenta de que todo esto conduce sólo a un estado de soledad exasperante, aparece una perspectiva a más largo plazo. ¿Qué hacer con toda esa marabunta de ciegos? ¿Dónde ir, si las ciudades son cementerios con forma de edificios? Algunos optan por organizar grupos de ayuda; en balde, pues La Enfermedad al final lo puede con todo. Otros, teniéndolo más claro, huyen rápidamente, en grupos donde la mayoría puede ver, con unos pocos invidentes, mujeres y niños, básicamente.
La pareja protagonista vivirá una serie de aventuras, más o menos interesantes. Pero, como digo, en este punto, uno se para a pensar en cuestiones mas teóricas que prácticas. ¿Es necesario conservar la antigua moral? Las antiguas costumbres no consiguen otra cosa que debilitarnos, ¿dónde está nuestra adaptacion? Vuelve la practicidad después de meditar un poco: ¿No sería mejor usar algunas mujeres ciegas como máquinas para procrear niños sanos, por ejemplo? En una vuelta radical al mundo rural, ¿quién está acostumbrado a cultivar patatas o maíz? ¿Cómo evitar a esas mentes violentas que antes de pensar en qué comerán el mes que viene, ya están maquinando en cómo organizar un ejército?
John Wyndham, hábilmente, nos hace plantear interiomente estos temas. La idea fundamental diría yo que está en nuestra incapacidad de adaptarnos a algo nuevo, y en que una vez que surge la desconfianza, es más probable que ésta se multiplique en progresiones geométricas, que de que disminuya algo. Por otro lado, el gregarismo del ser humano se convierte en algo nefasto en tiempos de cambio, y el miedo a la soledad se hace tan fuerte que es mejor, ... ir a la iglesia todos los domingos. Para terminar, mejor quedémonos con cierto Rousseaunianismo que también se sugiere en algunos pasajes de la novela. A fin de cuentas, el hombre es una criatura llena de bondad.





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